lunes, 10 de febrero de 2020

SIRVE SER DUEÑO? CUÁNTO SE LIMITA LA LIBERTAD?

La idea de este texto es proponer un debate entre la experiencia que tenemos los de más de 50 años de edad y las ganas y expectativas que tienen los menores de 30 años. Todo esto, hablando de nuestra Argentina. Y entendiendo que, generalmente, los más viejos describimos pasados para justificar nuestro presente y los más jóvenes describen futuros para justificar su comportamiento presente.
La consigna a debatir es: ¿sirve ser dueño en la Argentina?
Pertenezco a una generación de nietos de inmigrantes. Cansados de sentirse errantes, ellos hicieron que el techo propio pasara a ser algo aspiracional: un objetivo para darles a sus familias un lugar propio, seguro. Así, un lugar físico se volvió sinónimo de tranquilidad y estabilidad.
Pero ser dueño y tener la tranquilidad de aferrarse a algo nos trae la disyuntiva de saber que, para ser "el propietario" hoy en la Argentina, debemos tener en cuenta los costos de mantenimiento, como el impuesto inmobiliario, las cargas municipales, la tasa de alumbrado, barrido y limpieza, las expensas, el seguro para una casa. Y eso se suma, si se es propietario de un automóvil, a los costos de la patente, el seguro, la cochera, los gastos para contrarrestar el desgaste y otros más. Se suman otros tributos como Bienes Personales o el impuesto a la herencia. Todo esto me lleva a preguntar si realmente soy dueño o si soy inquilino del Estado.
Según la filosofía, la riqueza es una construcción social. No es posible que un individuo sea rico (es decir, tener un mayor acceso a bienes y servicios que la mayoría de sus pares) si no hay detrás una sociedad que produzca esos bienes y servicios. Pero esa construcción hace que luego la misma sociedad le otorgue valor a esos bienes y servicios, convirtiéndolos en metas indispensables para algunos e inalcanzables para otros.
Mi primer punto es que los jóvenes de hoy tienen una nueva construcción social. Para los de mi generación, la riqueza se medía en hectáreas de tierra, o en granos, o en cabezas de ganado. Los ricos eran los dueños de los bienes. Era común escuchar decir "ahí viene el del auto marca XX" o el "dueño de tal cosa". Pero a los sub-30 de hoy les pinta viajar. Uno intenta incentivarlos a ahorrar para el futuro, pero a ellos hoy "les pinta" viajar. Tener menos compromisos les da más posibilidades de despegar.
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Mi segundo punto es que hoy en día, para mí, es realmente rico quien tiene la libertad de elegir. Para provocarlos aún más, les pregunto: ¿para qué sirve el dinero, el ahorro, el empuje, el sacrificio, el esfuerzo, sino simplemente para tener la libertad de elegir?
Hay personas que, por acumular más dinero, sacrifican tiempo con su familia o pierden bienestar personal. Para ellos, el valor marginal de lograr un ingreso más es mayor al precio que sienten que tiene el obtenerlo. No importa la cantidad, sino la satisfacción que produce ganar, aunque después malgasten, regalen o donen el dinero. Muchos ven a este tipo de individuos como exitosos, y otros los ven como soberbios o ambiciosos. Sin embargo, tienen la decisión de cómo quieren vivir; tienen la enorme fortuna de tener la libertad de elegir.
Hay otras personas que prefieren una vida con menos bienes materiales, pero con más bienes espirituales. Y no hay trabajo, sueldo o emprendimiento que les produzca un ingreso marginal superior al costo en el que incurren para obtenerlo. Muchos los ven como vagos; otros, como íntegros. Sin embargo, tienen la enorme fortuna de tener la libertad de elegir.
En el caso de los asalariados, la percepción del sueldo es distinta para cada uno, aunque cobren lo mismo. No es igual para los que se toman dos colectivos y sufren robos seguido, que para los que llegan a su trabajo en subte y perciben algo más de seguridad. No es lo mismo para los que dejan a sus hijos en una guardería, que para los que tienen hijos ya grandes. Es una bendición tener la libertad de elegir sin necesidad de aceptar lo que sea.
Hay valores intangibles imposibles de mensurar. La percepción del riesgo asumido es distinta para cada ser humano; por lo tanto, el valor del beneficio es percibido de formas distintas. Schumacher nunca pensó que asumía riesgos; si los asumía era porque la satisfacción que le producía hacer lo que hacía superaba al costo de sus miedos. Por eso, es ridículo querer controlar la economía como si fuese una ciencia exacta, cuando no lo es. La base de cualquier decisión económica está en la confianza, en la credibilidad, en las expectativas futuras. En ninguna variable manejable.
Me parece al menos molesto cuando aparecen omnipotentes que quieren planificar todo. Lo hacen en nombre del Estado y del bien común que ellos consideran. Su trabajo es decidir quién y cómo deben hacer las cosas, sin considerar los costos intangibles, inmedibles, inmensurables del que produce. Entonces, alguien que quizás nunca emprendió, que nunca arriesgó su dinero personal o familiar, tiene la libertad de elegir las reglas, y al que asume el riesgo de emprender le queda la necesidad de pedir permiso o mendigar un beneficio.
Hay que entender que uno invierte lo más valioso y escaso que tiene en su vida: el tiempo. Y se quiere una recompensa afín al valor que cada uno le asigna. No es lo mismo la posibilidad de revancha para los mayores de 70 años, que para los jóvenes con unos 70 años por delante. Lo mejor que le podemos dar a nuestros hijos es que tengan la libertad de elegir, sin aferrarse ni a dogmas ni a banderas de otros para beneficio de esos otros.
A pesar de mi experiencia y de mis raíces, para la generación de mis hijos es mejor perder el miedo a emprender y prepararse a vivir como dice la canción: "Ligeros de equipaje para tan largo viaje".
Contrariamente a lo que se piensa, en los países más desarrollados y progresistas hay más ciudadanos "no propietarios del lugar donde viven que dueños". Si son propietarios, llegan con hipotecas y, aun así, no se sienten rehenes de un lugar fijo.
En nuestro país, una importante mayoría se desvive por ser dueña de las casas donde viven. Y la tienen que comprar con el esfuerzo de ahorrar casi de por vida. Porque el acceso al crédito es conflictivo. Lo mismo pasa con los autos. En el primer mundo cada vez es más común moverse con aplicaciones o alquileres temporales. Si uno saca la cuenta de lo que gasta en seguro, patente y otros conceptos, arranca con un buen presupuesto para pagar esos traslados.
Zygmunt Bauman, en La modernidad liquida, sostiene que la propiedad le saca libertad a la familia. Que las que viven en un lugar complicado y son dueños de la propiedad, por lo general no se mudan porque no pueden vender la propiedad. Están atados, porque la vivienda es el mayor capital que tienen, pero al estar en una zona complicada, nadie se la paga. Y siguen viviendo ahí aunque el lugar se inunde, sea inseguro o incluso esté contaminado. Y cuantos menos recursos tiene la familia, más se aferra a lo poco que tiene. El que no posee esos bienes es más libre para moverse.
Por otro lado, si gran parte del capital de los ciudadanos esta inmovilizado en un activo fijo en lugar de estar invertido en empresas o de ser usado para desarrollar proyectos, la economía es menos dinámica. En un país que vive con desconfianza, el ahorro se esconde y no se traslada a inversión. En una economía desarrollada tiene más impulso la rotación del dinero de los emprendedores que la generación de propietarios. Incluso hay estados, ciudades que suelen incentivar la compra de vivienda regalando terrenos o subvencionando impuestos, para evitar la emigración y la fuga de cerebros o de mano de obra. Como dice Bauman, usar la propiedad de la casa como un vehículo para que el ciudadano se aferre a un lugar.
Hay empresas que destinan más dinero en tener oficina o espacio propio que en su mismo negocio. O sea, se concentran más en lo que produce gastos que en lo que produce ingresos. Y si cambia la dinámica del contexto donde se mueven, quedan rehenes de ese capital inmovilizado.
Sin ser dueño, si un barrio se puso más incómodo o aparece un trabajo mejor en otro sitio, es más lógico mudarse que gastar mucho tiempo y dinero en desplazarse todos los días o, simplemente, tener la libertad de elegir qué lo reconforta más-.
Cierro la nota, con una fuerte contradicción. Pertenezco a una generación que se esforzó para alcanzar su techo propio, buscando en el título de propiedad la pertenencia a un destino, y estoy orgulloso de la educación dada por mis padres, . Pero me encuentro educando a mis hijos de una manera diferente, sin incentivar a que se aferren a un activo físico y sí animándolos a que nunca abandonen su libertad de poder elegir.
El autor es licenciado en Administración con un posgrado en finanzas. Gerente de Desarrollo de la Bolsa de Comercio de Bs. As., director del IAMCy director del Laboratorio de Finanzas en la UADE

CONSUMO - EL ALGORITMO DE TURNO

CONSUMO - EL ALGORITMO DEL TURNO

Consumo

El algoritmo del turno: ahora la espera en las colas depende de la matemática

Varias empresas y oficinas públicas están reemplazando los números de papel por pantallas táctiles con un nuevo sistema que organiza la demora. Las quejas de los clientes y la explicación científica.

Terminales electrónicas que entregan turnos para la atención de clientes en el Farmacity de Avenida Santa Fe y Pueyrredón.
A la hora de comprar un producto, adquirir un servicio o ser atendido en una entidad pública, los usuarios se someten a interminables filas de espera que desafían la tolerancia, incluso de los más pacientes. Ahora, el tiempo en la cola empieza a dejar de estar regido por el azar o una decisión personal (por ejemplo, en qué caja nos ponemos) para pasar a estar determinado por la matemática.  
En varios lugares, públicos y privados, los clásicos expendedores rojos con números de papel ya fueron reemplazados por terminales (tótems) de pantallas táctiles. El algoritmo del turno. Un sistema que organiza y prioriza quién pasa primero en una cola según el tipo de gestión. “Esa persona llegó después que yo y ya la están atendiendo”, es uno de los tantos comentarios que se repiten. ¿Por qué? ¿Cómo funciona la máquina?
Detrás del sistema, se encuentra la teoría de las colas, que permite modelar líneas de clientes en espera de ser atendidos por los servidores correspondientes, donde los tiempos entre arribo y atención son aleatorios. “Existen variables que aplican una distribución de probabilidad para obtener eficiencia y ahorro en la asignación de los recursos destinados a satisfacer la demanda de los usuarios”, explica Isidro Angel López, profesor adjunto honorario de la cátedra de Matemáticas para Decisiones Empresarias de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata.
Se trata de una disciplina matemática que se inició con el trabajo de Agner Erlang, un matemático danés nacido en 1878, quien estudió en Copenhague una fórmula para la repartición del número de líneas ocupadas en una estación telefónica. Más tarde, esta disciplina se fue empleando en el estudio de distintos sistemas de espera como el de salida de aviones, redes eléctricas o internet. “Es importante mencionar que gran parte de la teoría de hoy en día fue desarrollada sin aplicación práctica, sino únicamente por puro interés matemático”, subraya Adrián Galarza, docente de la casa de estudios platense.  
Terminales electrónicas que entregan turnos para la atención de clientes en una sucursal de Farmacity. (Juano Tesone)
Terminales electrónicas que entregan turnos para la atención de clientes en una sucursal de Farmacity. (Juano Tesone)
En el ámbito privado, uno de los sectores del retail que ya sumó el sistema es el farmacéutico. El lineamiento que aplica la atención en las farmacias se vincula con la especialidad del empleado. Si es estudiante, se encargará de la venta de artículos de perfumería o de remedios de venta libre; si es graduado, satisfará los requerimientos de usuarios con receta.
Silvana Lanari, directora de IT & Supply Chain de Farmacity, explica que, con el foco puesto en la incorporación de nuevas tecnologías, la cadena adoptó el algoritmo de turnos para segmentar la atención al cliente y brindar así un mejor servicio para cada necesidad concreta. “Permite que el cliente circule por la tienda hasta el momento exacto en el que debe acercarse al servidor. Además, le brinda a la compañía información en tiempo real que le permite entender las particularidades de cada tienda, como tiempos de espera y horarios de mayor caudal de personas”, agrega. Pero, ¿qué sucede cuando surge un error de improvisto en el sistema? Se vuelve a la vieja guardia: tomar turnos vía papel.
En los bancos, otra área que abrazó la matemática para organizar su atención, la cantidad que demanda cada prestación varía según de cuál se trate. Es lógico que el uso de las cajas sea más intensivo que las solicitudes de aperturas de cuentas. ¿Cómo se calculan los tiempos? Aquí pesa una cuestión de "estatus" económico porque se organizan en función de los ingresos del cliente: el de renta alta no puede aguardar más de 8 minutos, el de media no más de 15 y el de baja no más de una hora. “Los clientes con renta alta siempre pasan primero, no importa que se haya excedido el tiempo máximo de espera de otros usuarios”, explica Galarza.
En la Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires (ARBA), una de las áreas públicas que también lo adoptó, el sistema de turnos se distribuye según el impuesto y el tipo de trámite. “Hace más eficiente la atención en los centros de servicio porque tenemos gente especializada para cada tema. No recibimos quejas, pero hay desorientados que preguntan por qué nunca sale su número. Les explicamos que el sistema está basado en una investigación operativa”, manifiesta Sandra Dagostino, Gerenta General de Tecnología e Innovación.
Los sistemas están basados en teorías matemáticas. (Juano Tesone)
Los sistemas están basados en teorías matemáticas. (Juano Tesone)
El principal problema que presenta el sistema es la imposibilidad de satisfacer cada solicitud con inmediatez. Muchas veces, se generan esperas que se prolongan desde el arribo del cliente hasta su efectiva atención. “Sacas un número sin saber cuándo te van a llamar ni cuánta gente hay delante tuyo. Le pregunté a un encargado con qué criterio llamaban, pero no supo responderme. Solo atinó a decirme que una máquina señala el nombre y turno de la persona”, lamenta Cecilia Lagar, empleada de una dependencia pública. 
Observación, deducción e inducción son claves en esta clase de operaciones matemáticas. Pueden combinarse distintas cantidades de colas y de servidores que, incluso, suelen funcionar en forma secuencial. La prioridad la determina cada empresa.

CONSUMO - EL ALGORITMO DE TURNO

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Consumo

El algoritmo del turno: ahora la espera en las colas depende de la matemática

Varias empresas y oficinas públicas están reemplazando los números de papel por pantallas táctiles con un nuevo sistema que organiza la demora. Las quejas de los clientes y la explicación científica.

Terminales electrónicas que entregan turnos para la atención de clientes en el Farmacity de Avenida Santa Fe y Pueyrredón.
A la hora de comprar un producto, adquirir un servicio o ser atendido en una entidad pública, los usuarios se someten a interminables filas de espera que desafían la tolerancia, incluso de los más pacientes. Ahora, el tiempo en la cola empieza a dejar de estar regido por el azar o una decisión personal (por ejemplo, en qué caja nos ponemos) para pasar a estar determinado por la matemática.  
En varios lugares, públicos y privados, los clásicos expendedores rojos con números de papel ya fueron reemplazados por terminales (tótems) de pantallas táctiles. El algoritmo del turno. Un sistema que organiza y prioriza quién pasa primero en una cola según el tipo de gestión. “Esa persona llegó después que yo y ya la están atendiendo”, es uno de los tantos comentarios que se repiten. ¿Por qué? ¿Cómo funciona la máquina?
Detrás del sistema, se encuentra la teoría de las colas, que permite modelar líneas de clientes en espera de ser atendidos por los servidores correspondientes, donde los tiempos entre arribo y atención son aleatorios. “Existen variables que aplican una distribución de probabilidad para obtener eficiencia y ahorro en la asignación de los recursos destinados a satisfacer la demanda de los usuarios”, explica Isidro Angel López, profesor adjunto honorario de la cátedra de Matemáticas para Decisiones Empresarias de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata.
Se trata de una disciplina matemática que se inició con el trabajo de Agner Erlang, un matemático danés nacido en 1878, quien estudió en Copenhague una fórmula para la repartición del número de líneas ocupadas en una estación telefónica. Más tarde, esta disciplina se fue empleando en el estudio de distintos sistemas de espera como el de salida de aviones, redes eléctricas o internet. “Es importante mencionar que gran parte de la teoría de hoy en día fue desarrollada sin aplicación práctica, sino únicamente por puro interés matemático”, subraya Adrián Galarza, docente de la casa de estudios platense.  
Terminales electrónicas que entregan turnos para la atención de clientes en una sucursal de Farmacity. (Juano Tesone)
Terminales electrónicas que entregan turnos para la atención de clientes en una sucursal de Farmacity. (Juano Tesone)
En el ámbito privado, uno de los sectores del retail que ya sumó el sistema es el farmacéutico. El lineamiento que aplica la atención en las farmacias se vincula con la especialidad del empleado. Si es estudiante, se encargará de la venta de artículos de perfumería o de remedios de venta libre; si es graduado, satisfará los requerimientos de usuarios con receta.
Silvana Lanari, directora de IT & Supply Chain de Farmacity, explica que, con el foco puesto en la incorporación de nuevas tecnologías, la cadena adoptó el algoritmo de turnos para segmentar la atención al cliente y brindar así un mejor servicio para cada necesidad concreta. “Permite que el cliente circule por la tienda hasta el momento exacto en el que debe acercarse al servidor. Además, le brinda a la compañía información en tiempo real que le permite entender las particularidades de cada tienda, como tiempos de espera y horarios de mayor caudal de personas”, agrega. Pero, ¿qué sucede cuando surge un error de improvisto en el sistema? Se vuelve a la vieja guardia: tomar turnos vía papel.
En los bancos, otra área que abrazó la matemática para organizar su atención, la cantidad que demanda cada prestación varía según de cuál se trate. Es lógico que el uso de las cajas sea más intensivo que las solicitudes de aperturas de cuentas. ¿Cómo se calculan los tiempos? Aquí pesa una cuestión de "estatus" económico porque se organizan en función de los ingresos del cliente: el de renta alta no puede aguardar más de 8 minutos, el de media no más de 15 y el de baja no más de una hora. “Los clientes con renta alta siempre pasan primero, no importa que se haya excedido el tiempo máximo de espera de otros usuarios”, explica Galarza.
En la Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires (ARBA), una de las áreas públicas que también lo adoptó, el sistema de turnos se distribuye según el impuesto y el tipo de trámite. “Hace más eficiente la atención en los centros de servicio porque tenemos gente especializada para cada tema. No recibimos quejas, pero hay desorientados que preguntan por qué nunca sale su número. Les explicamos que el sistema está basado en una investigación operativa”, manifiesta Sandra Dagostino, Gerenta General de Tecnología e Innovación.
Los sistemas están basados en teorías matemáticas. (Juano Tesone)
Los sistemas están basados en teorías matemáticas. (Juano Tesone)
El principal problema que presenta el sistema es la imposibilidad de satisfacer cada solicitud con inmediatez. Muchas veces, se generan esperas que se prolongan desde el arribo del cliente hasta su efectiva atención. “Sacas un número sin saber cuándo te van a llamar ni cuánta gente hay delante tuyo. Le pregunté a un encargado con qué criterio llamaban, pero no supo responderme. Solo atinó a decirme que una máquina señala el nombre y turno de la persona”, lamenta Cecilia Lagar, empleada de una dependencia pública. 
Observación, deducción e inducción son claves en esta clase de operaciones matemáticas. Pueden combinarse distintas cantidades de colas y de servidores que, incluso, suelen funcionar en forma secuencial. La prioridad la determina cada empresa.

INNOVACIÓN EMPRESARIAL

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