lunes, 16 de noviembre de 2020

INTELIGENCIA ARTIFICIAL Cómo se dan las nuevas batallas

 Qué cuadro pintaría Rembrandt si resucitara uno de estos días? ¿Qué canción compondrían los Beatles si todos sus integrantes estuvieran vivos y se juntaran en un estudio? ¿Qué libro escribiría Hemingway si le fuera posible revivir por un tiempo?

Estas preguntas, hasta hace poco tiempo imposibles de contestar, están recibiendo una respuesta -por ahora tentativa, aproximada y errática por parte de la tecnología exponencial más explosiva de 2016: la inteligencia artificial (IA) y sus distintas ramas derivadas. Hace unos días, la consultora Gartner posicionó al "aprendizaje de máquinas" al tope de su célebre ciclo o "curva de jipeo" (hypecycle), que muestra cuál es la tecnología que, por su potencial, está generando mayor expectativa entre los inversores.

Si bien la "creatividad" es una habilidad inherentemente humana, los algoritmos están conquistando algunos campos aledaños, en pasos que hubieran sonado a ciencia ficción hace solamente un año. Una de las acciones más premiadas en el último Festival de Cannes, "The Next Rembrandt", de la agencia JWT Amsterdam para el banco ING, apeló a un programa para analizar 168.000 fragmentos de pinturas del genio del siglo XVII para crear una nueva usando la impresión 3D, en una réplica sorprendente en estilo y texturas. "La inteligencia artificial fue sin duda la gran protagonista del último evento de Cannes", dice Germán Yunes, presidente de Ogilvy Argentina.

La creatividad en la moda también fue tomada por asalto este año por la IA: en la gala del Metroplitan Museum, IBM y Marchesa -una firma de alta costura- se asociaron para producir un vestido con luces led, que cambiaba de color de acuerdo al "humor" que transmitían los tuits sobre el evento.

"El software dio sugerencias, la decisión creativa final fue de los diseñadores de Marchesa", cuenta a LA NACION Roberto Cruz, un ingeniero que dirige Cognitiva, la empresa aliada a IBM para comercializar Watson, el sistema de inteligencia cognitiva, en español. Cruz habla todo el tiempo de complementariedad, y no de reemplazo. "Estamos viviendo un momento de mucha efervescencia y expectativa en este campo, que incluye avenidas como el deep learning, las redes neuronales, redes bayesiana o algoritmos genéticos sigue Cruz, este año hubo hitos impactantes y también algunos fiascos. Es parte del aprendizaje."

En la columna del haber, y más allá de las acciones más rimbombantes como la de Rembrandt o la del vestido de Marchesa, sin duda "el" suceso del año fue el triunfo de AlphaGo, un algoritmo, sobre el campeón de Go Lee Sedol, el mejor profesional del juego chino milenario. Por su complejidad, la victoria de la máquina estaba pronosticada recién para 2020: en lo que tal vez sea la metáfora más perfecta de 2016 sobre singularidad, el resultado se adelantó cuatro años. En la columna del debe, Microsoft debió borrar en marzo un "chat-bot" -conversador artificial porque se volvió nazi y adorador de Hitler. "Por ahora, los algoritmos no pueden detectar si una corriente de datos es verdadera o falsa, siempre la base sobre la que operan es información provista por humanos", indica Cruz. El primer choque -que derivó en la muerte de su pasajero de un vehículo Tesla automanejado o el sesgo racista que tomó la semana pasada un programa de IA que actuó como jurado en un concurso de belleza (votó en contra de las candidatas con piel más oscura) son otros de los traspiés con los que debió lidiar esta tecnología.

Aunque la inteligencia artificial viene siendo materia de investigación profunda desde hace décadas, recién en el último año dejó de ser una promesa con resultados prácticos frustrantes. "La clave son equipos y algoritmos más baratos y flexibles, y la multiplicación exponencial de datos disponibles sobre los cuales trabajar", resume Anthony Baker, director tecnológico de la filial londinense de la agencia R/GA. De acuerdo con IDC, en 2020 habrá disponibles para analizar unos 44 zettabytes de información (un zettabyte es un 10 elevado a la 21 bytes). Baker cree que la diferencia con el stock actual de información es que la explosión de dispositivos conectados (Internet de las Cosas) permitirá una visión mucho más holística del estilo de vida de las personas, y que habrá un océano de datos basados en diálogos de plataformas conversacionales -Facebook, Slack, Line, etcétera- que podrán ser aprovechados por sistemas de inteligencia cognitiva como Watson.

El físico y tecnólogo Andrei Vazhnov tiene una metáfora elegante para describir los ciclos de difusión y aprovechamiento de nuevas tecnologías. Cuando se produce un descubrimiento, pueden pasar años o décadas hasta que se popularice, por distintos motivos (costos relativos, resistencias, falta de conocimiento, etcétera). Durante un tiempo, estos cúmulos de valor potencial permanecen sumergidos. Pero cuando el nivel de agua baja (la tecnología se abarata, acelera su uso y aparecen externalidades de red) emergen a la superficie "islas de valor", en una archipiélago visible y aprovechable para empresas e individuos.

Cruz cree que hoy por hoy estas "islas" son más evidentes para las áreas de atención al cliente, y en lo que hace a sectores, para la salud y el segmento financiero. La semana pasada, la revista Fast Company publicó un artículo donde dio cuenta de la tendencia en IA de moverse de un "océano de un metro de profundidad" -tipo la plataforma SIRI, que sabe un poco de todo pero mucho de nada a algoritmos mucho más especializados, que puedan ayudar a un médico o a un cliente bancario con dudas muy específicas. Estos chat-bots especializados resuelven un problema de escalabilidad cuya solución hasta ahora estaba bloqueada a menos que se resignaba "personalización" en el servicio. Es por esto que los equipos creadores de chat-bots incluyen programadores pero, en forma creciente, también psicólogos, porque es indispensable que el bot genere empatía con el usuario, cuenta Sergio Serrano, diseñador de experiencias de la filial porteña de R/GA. Por ejemplo, ya se sabe que es usual que estos sistemas sean puestos a prueba por usuarios con preguntas absurdas, y los bots deben saber captar la ironía y responder con sentido del humor.

"Estamos en la edad de piedra de esta tecnología, y las posibilidades son infinitas", dice Juan Pablo Jurado, presidente de Wunderman, la mayor agencia de publicidad de la Argentina, con base en lo digital y 500 empleados. Jurado está a la búsqueda de doctores en IA para su unidad de innovación WIP (Wunderman Invention Platform). El estado del arte de la IA podría compararse al de las aplicaciones móviles en 2008: por entonces no se preveía el impacto que causarían en hábitos y comportamiento.

El entusiasmo que genera esta tecnología en inversores es directamente proporcional a la preocupación que emerge ante dilemas éticos y morales. Dos semanas atrás el departamento de Defensa de EE.UU. emitió un comunicado pidiendo al Gobierno "acción inmediata" en esta agenda. Se estima que el próximo presidente estadounidense definirá el protocolo de la guerra de robots, con efectos cruciales e impredecibles para el futuro de la humanidad. ¿Qué pasaría si este decisor fuera Donald Trump? Hay todo un océano de especulaciones en el "lado B" de este debate, un trasfondo mucho menos luminoso, detrás del lienzo símil-Rembrandt creado por algoritmos.

sebacampanario@gmail.com

TEORÍA DEL COMPORTAMIENTO A portarnos mal

R ichard Thaler publicó Misbehaving (Portándose mal) que es, a la vez, su autobiografía intelectual y una buena introducción a la economía conductista. La corriente principal en economía supone que las personas se comporta como economistas sofisticados altamente racionales que (hacen como que) resuelven complejos problemas de optimización o, como los llama Thaler, "Econs". Los conductistas argumentan, en cambio, que la gente decide y se comporta como humanos, comete errores, se "porta mal".

Hace más de 40 años, enseñando microeconomía, Thaler se dio cuenta de que sus estudiantes no se parecían a lo que él mismo enseñaba. Se quejaban de la dificultad de los exámenes y a Thaler se le ocurrió calificarlos sobre base 137 en lugar de base 100. Así recibirían calificaciones más altas en números absolutos. En un mundo poblado de "Econs", no importa la base sobre la que se califica (importan los precios relativos, no los nominales). Y sorpresivamente las quejas sobre la dificultad de sus exámenes disminuyeron. Más raro aún, un estudiante que sacaba 96 sobre 137 (70%) estaba más contento que uno que sacaba 72 sobre 100. ¿Cómo era posible esa violación de la racionalidad? Thaler comenzó a acumular una lista de "factores supuestamente irrelevantes" para la economía tradicional, comportamientos "tontos" que no se acomodaban a las predicciones de la teoría convencional.

Si las primeras palabras de un economista son "oferta y demanda", las que siguen son "costo de oportunidad" (lo que uno deja de hacer o ganar por hacer otra cosa). Sin embargo, hay muchos ejemplos en los cuales donde el costo de sacar el dinero del bolsillo es más importante que el costo de oportunidad. Por ejemplo, cuando empezaron a utilizarse las tarjetas de crédito muchos negocios cobraban precios diferentes con tarjeta y de contado (aún ocurre en economías con inflación, como sabemos los argentinos). En principio debería ser lo mismo para el consumidor si se hace un descuento o se cobra un recargo a quien utiliza una tarjeta de crédito. Pero los emisores de tarjetas hicieron lobby por los descuentos. ¡A la gente no le gustaba pagar un "recargo" por usar el plástico! Pagar un recargo es sacar plata del bolsillo, pero no recibir un descuento es un costo de oportunidad vago y abstracto. Es una violación al principio de que el dinero es fungible. Y hay otros ejemplos: gente que mantiene plata en sus cajas de ahorro sin recibir ningún interés a cambio y se financia con atrasos en las tarjetas de crédito a tasas muy altas.

En la visión tradicional, los economistas se enfocan en los niveles de riqueza. Sin embargo, los conductistas piensan en la respuesta a cambios en la riqueza. Una implicancia clave es que las pérdidas nos lastiman el doble que el placer que derivamos de una ganancia del mismo monto. Actualmente es un hecho aceptado, ¡pero varias décadas atrás era una herejía!

Los "Econs" sólo obtienen satisfacción de lo que Thaler llama la "utilidad de la adquisición", que es la diferencia entre la utilidad de usar algo menos el costo de oportunidad de adquirirlo. No esperamos que nos cobren lo mismo por una cerveza en el supermercado que en un hotel de lujo en la playa. Pero si nos cobraran 5 o 10 veces más nos sentiríamos estafados. Esto Thaler lo llama "utilidad de la transacción". En un mundo de "Econs" debería ser irrelevante, pero lo cierto es que los términos de una transacción, si es justa o injusta, también importan. ¡Cuántas veces compramos algo sólo porque está barato!

Thaler discute con la forma usual de hacer economía: hay que hacer modelos descriptivos de la conducta humana. En cambio, los economistas adhirieron durante muchos años a una justificación de la utilización de supuestos irrealistas que le debemos a Milton Friedman: un jugador de billar experto no resuelve las "complicadas fórmulas matemáticas" que implican la carambola que quiere realizar. Simplemente se comporta "como si" resolviera el problema matemático. Thaler y los conductistas creen que "la economía tiene que ser una teoría de todos y no sólo de los expertos", o que "nosotros no jugamos al ajedrez como un gran maestro, no invertimos como Warren Buffett y no cocinamos como un Masterchef".

Anomalías financieras

De a poco, Thaler orientó su carrera a la investigación de anomalías financieras que afectan incluso a los inversores más sofisticados que supuestamente deberían parecerse más a los "Econs" que a la gente de carne y hueso. Tradicionalmente los economistas miraron los mercados financieros como lo más parecido al funcionamiento de un mercado ideal. Tanto así que una de la hipótesis más establecida en economía fue (¿es?) la de mercados eficientes que Thaler descompone en dos afirmaciones: los precios de los activos financieros son los correctos y no es posible ganarle al mercado en forma consistente. Ahora, ¿cómo refutar la eficiencia de mercado? Junto a un coautor, De Bondt, encontraron evidencia de fuerte sobrerreacción de los mercados. Otro economista, Shiller, mostró que los precios de las acciones varían muchísimo más que las predicciones realizadas con modelos de valuación tradicionales. Las anomalías se acumulaban.

Llegó la crisis financiera global de 2008, no anticipada por la mayoría, y que dejó a los economistas (algo) más abiertos a explicaciones alternativas. Thaler argumenta que la gente mantenía una contabilidad mental en la que separaba el dinero invertido en la casa propia de los ingresos para gastos corrientes. Algunos cambios (qué intereses podían deducirse, la aparición de originadores de hipotecas y la baja de la tasa de interés) derribaron esta barrera y "erosionaron la norma social de que el patrimonio inmobiliario era sacrosanto". La gente empezó a financiar consumo, especialmente de bienes durables, como autos, a partir del aumento del valor de la propiedad, y la posibilidad de tomar hipotecas sobre un valor mayor. Cuando la burbuja inmobiliaria reventó en 2008, el consumo cayó y el desempleo subió, lo que no había ocurrido cuando explotó la burbuja tecnológica de 2000/2001. Además, la crisis es ejemplo de otros "malos comportamientos", como la falta de autocontrol, el sesgo hacia el presente y la inconsistencia temporal.

Thaler da por hecho que la economía conductista está camino de ser la corriente principal. Ciertamente hoy la penetración en la enseñanza es mucha y es parte de la formación estándar del economista. Pero el propio Thaler reconoce que la revolución está incompleta. Mientras que las finanzas conductistas tienen una respetable cantidad de practicantes, los macroeconomistas son muchos menos. Tal vez porque en macro las teorías son más difíciles de contrastar y porque la disponibilidad de datos es escasa, especula Thaler. O porque los macroeconomistas aún tienen que saldar la grieta entre los que quieren más gasto y más activismo, y los que quieren menos. Ni hablar de los límites para realizar experimentos.

Thaler peca de cierto optimismo. Las revoluciones científicas sólo se completan cuando hay un paradigma alternativo mejor. Aún hoy los libros de texto y los currículum están poblados de "Econs", y hay relativamente pocos humanos. En parte por la resistencia usual a cambiar lo aprendido. En parte porque la explicación conductista, que sugiere que nos equivocamos con frecuencia, no se lleva bien con la intuición evolucionista que está en la base de la economía.

finkman@gmail.com

SABER GESTIONAR EL CAOS Requisito necesario

 El último congreso de la Asociación de Recursos Humanos de la Argentina (Adrha) podría resumirse en una sola palabra: educación. La necesidad, no solo en la Argentina, sino en todos los países, de reevaluar cómo se les está enseñando a los chicos es la bisagra que marca un cambio de era. Chicos que tienen más claro que los adultos, o que sus maestros, cuáles son las reglas bajo las cuales ellos trabajarán y van a contribuir con la sociedad muestran que la enseñanza tradicional, más bien fordista (es decir, basada en la línea de montaje de las fábricas de Ford a principios del siglo XX), no tiene nada que ver con las empresas que se están gestando o que se están transformando para adaptarse a los nuevos tiempos.

La llave, que ellos ya tienen, es la colaboración y el fin de las barreras con otros chicos del mundo, cocreando a través de la inteligencia colectiva los temas que son de su interés. alguna solución para avanzar en un juego, por ejemplo.

Mientras que en el mundo se prevé un trabajo más precarizado, con menos relación de dependencia, el futuro es hoy y hay que prepararse para un cambio de reglas. El licenciado en Ciencias Físicas, Andrés Schuschny, autor de La Red y el Futuro de las Organizaciones, afirmó, como primer orador, que estamos ante un "tsunami civilizatorio". "La irrupción de Internet ha roto con los esquemas de aquello con lo cual nos habíamos formado los que tenemos aproximadamente 40 años. Se rompió el modelo del mundo. Hay un cambio de época."

Las tres causas de este quiebre son, según el investigador, la irrupción de una tecnología que se masifica; una nueva forma de organización a través de las redes y el aprendizaje mediante la autocapacitación. Este último ítem se refiere a armar el CV por medio de un acumulado de cursos que hacen que el expertise de cada persona sea único e irreemplazable. "La educación ya no es algo que hacés durante un tiempo para después tener un título. Se da durante toda la vida, es un proceso continuo. Hay una reconfiguración total de la realidad: venimos de una mirada tecnoindustrial, pero ahora hay una ruptura del aislamiento. A través de internet nos conectamos."

En este contexto, una enorme empresa multinacional puede llegar a la quiebra en solo dos meses si es que se corre un rumor que se viraliza o se arma una campaña mundial contra uno de sus elementos más importantes. "Eso era imposible hace unos años, hoy no", dijo Schuschny, que recomendó que se debe asumir que el caos y la impredictibilidad llegaron para quedarse.

En esta línea de pensamiento, los ejemplos que se ven futuristas pero que ya están en marcha llegaron con el emprendedor y tecnólogo Santiago Bilinkis, quien se propone en cada encuentro como conferencista "volarles la cabeza" según sus palabras. "Vivimos nuestra vida en cámara rápida. Todo sucede a un ritmo más acelerado. Hoy los dispositivos marcan algo muy fuerte en la vida", dijo. Pero no es lo único que está cambiando. Algunos datos de lo que viene:

  • Las computadoras aumentan su potencia el doble cada año y medio. Las otras tecnologías cambian de una manera mucho más lenta.
  • No es descabellado que haya un puerto USB en el cráneo para aumentar la memoria del cerebro, es decir, del disco rígido.
  • Los avances en la genética podrían llegar a modificar la información que los padres y madres transmiten a los hijos para, por ejemplo, no contaminarlos con enfermedades hereditarias.
  • Las prótesis para el cuerpo ya se están haciendo a partir de impresoras 3D. Y se está trabajando para agregarle tacto a la prótesis para que sea lo más parecido a lo que se perdió.
  • "Nuestro cuerpo es muy bueno para repararse a sí mismo, pero cada recambio de células es un poquito peor al anterior. Quizás con los conocimientos del genoma humano puedan extender la vida", dijo Bilinkis.

"Me sorprende la cantidad de personas y empresas que toman decisiones como si no hubieran cambios", continuó. "La farolera que tropezó en realidad se quedó sin trabajo cuando llegó la energía eléctrica. A todos nos cuesta cambiar, pero hay que abrazar los cambios con fervor absoluto."

El gran protagonista del momento es, para Schuschny, el hacker. "Se trata del actor social que hoy encarna la transformación de una época. Hacker es una palabra que nació en el MIT para definir a programadores que iban más allá. Es un término que implica adentrarse en la lógica de un sistema para mover sus límites mas allá de lo esperado. Claro que hay hackers de sombrero blanco y de sombrero negro, depende de cómo se comporten."

Un hacker es adicto a la curiosidad, aborrece los sistemas encorsetados, desafía a la autoridad, a lo establecido, no le teme al fracaso, comparte información. Crea, y después, los idealistas se lo regalan al mundo. "Todo buen desarrollo nace de las necesidades de la persona que lo hace. Se pueden hackear modelos de negocios, como lo hizo Netflix, a los taxis, como hizo Uber...Google, Microsoft, Apple, Facebook, Virgin...hackearon sistemas establecidos. ¿Estamos preparados para desplegar el potencial del hacking thinking?", preguntó.

Adiós al pensamiento uniforme

Niños sentados mirando a una maestra que imparte una clase, toma lección, toma pruebas a todos por igual...no va mas. "We don’t need no education.." cantan los chicos en The Wall, algo que parecía una locura en 1982, y, sin embargo, el mundo que viene parece darles la razón, al menos en parte.

Es así como varios de los oradores se dedicaron a advertir que es necesario que cambie el sistema educativo. El ingeniero José Luis Roces, rector del Itba, habló de cómo los alumnos de la universidad "hackean absolutamente todo y ponen a los profesores en problemas con sus cuestionamientos. "Hoy la educación está en pleno estado de caos, y los impulsores de los cambios no están en el sistema educativo". Para Roces, la agenda global en la educación debería incluir, el desarrollo de la tecnología digital y las TIC, la interactividad, la focalización en el talento, que muchas veces surge de un proceso extraeducativo, la gestión del capital intelectual, entre otras cosas.

Coincidió la socióloga Inés Aguerrondo, coordinadora del departamento de innovación educativa de la UCA, que dijo que está en jaque el modelo pedagógico. "Antes, había que escuchar. Hoy se trabaja con un sistema de ensayo y error, cocreando."

Un caso concreto, el del "profe Córdoba", conmovió a la audiencia, que después de su charla le dedicó varios minutos de aplauso. Daniel Córdoba es un profesor de física e Investigador en enseñanza de la física en la Universidad Nacional de Salta. Creó el curso "Física al alcance de todos", los sábados, con la idea de que los chicos compitieran en las olimpiadas de física, y logró no solo que se "enganchen" los sábados, sino enormes logros entre sus estudiantes.

Pero antes tuvo que sortear muchos obstáculos, entre ellos, institucionales. "Hay un problema cuando se incursiona en lo no instituido de una organización", dijo. Su gran idea transformadora fue creer en una audiencia no cautiva. Un curso que él debía ganarse todos los sábados a través de una clase atractiva, ya que al no ser obligatorio, podía quedarse sin alumnos. "Si no vendo, el sábado que viene no me vuelven. Me tengo que poder armar una clase que mezcle lo duro y lo blando, lejos de la idea del aula como sistema armado para enseñar y no para aprender. Cuando logré sacar adelante a alumnos con problemas de aprendizaje en la materia, que después resultaron brillantes, me dí cuenta de que esto funcionaba. Es una forma muy interesante de perfeccionamiento docente".

SEBASTIÁN CAMPANARIO Taxi, siga a ese algoritmo: Llega la movilidad inteligente

Un mes atrás, el creativo y publicista Carlos Baccetti viajó a Miami a visitar a clientes de la agencia que codirige con Darío Straschnoy, "Carlos y Darío". Cuando salió del hotel notó que algo había cambiado drásticamente desde unos meses antes, cuando se había alojado en el mismo lugar, pero no podía determinar qué era. "De golpe me di cuenta: no había taxis. En la ciudad -o al menos en la parte donde yo estaba- el mercado de traslados había sido tomado totalmente por Uber", cuenta Baccetti. La empresa que ofrece una plataforma para compartir viajes, que ya vale el doble que Twitter y que es el principal empleador en ciudades como San Francisco, cambió completamente el paisaje urbano en la capital de Florida en muy poco tiempo. El publicista y ex socio de Ramiro Agulla cuenta el detalle como un ejemplo de "exponencialidad" en el avance tecnológico que ya está afectando una de las experiencias más cotidianas: la de tomarse un taxi.

"Se vienen tiempos y cambios muy interesantes en el mundo del transporte", dice ahora Federico Cattan, un emprendedor que está desarrollando hardware y software para incluir más servicios digitales en los viajes en taxis (por ejemplo, mediante el celular tener un control exacto sobre el trayecto viajado, identificación del vehículo, etcétera, por temas de seguridad). La verdadera disrupción, dice Cattan, llegará cuando se masifiquen los vehículos automanejados: "Ahí va a desaparecer el concepto de tener un auto propio, uno se va a suscribir a una flota con la cual se sienta cómodo o cómoda, al estilo Netflix, y el auto pasará a buscarnos. Nos desentenderemos de cuestiones como ir al mecánico o conseguir estacionamiento".

Por estos días, quienes siguen de cerca el debate por el futuro del transporte discuten opciones como el "bus-túnel" que diseñó la empresa china TBS y que podría aprobarse este año en ciudades del país más poblado del planeta. Tiene la misma lógica de un subte, pero circula por arriba de las calles, sobre rieles a los costados, con lo cual no interfiere con el tránsito, se desplaza a alta velocidad, funciona a electricidad y tiene capacidad para 300 personas por unidad.

Pero bajemos un poco a la tierra (desde el "bus-túnel", literalmente) y rebobinemos. ¿En qué parte de la película se encuentra el mercado local de "movilidad"? La novedad más reciente es la popularización de aplicaciones para pedir taxis desde el celular, que en algunas ciudades del país (como Buenos Aires) están operando en un vacío legal, porque la reglamentación actual contempla para la alternativa tradicional de pedir un taxi por la calle sólo la opción de los radiotaxis. Por eso los responsables de la aplicación "Safertaxi" optaron por comprar una licencia de radiotaxi. La legislación municipal varía en el país, y dos semanas atrás Easytaxi realizó un curso de capacitación para taxistas en Córdoba capital.

"Es un debate complejo en la Capital Federal, porque Buenos Aires tiene un sistema de taxis relativamente seguro y controlado para lo que es el estándar de América latina", cuenta un funcionario del GCBA. Hay 37.000 vehículos que son evaluados cada año, cuyos choferes también deben hacer un curso cada doce meses. En comparación, en Lima, Perú, hay 200.000 taxis, para la mitad de la población que acá. En otras ciudades de la región hay incentivos alineados entre los "disruptores" y los gobiernos locales para ordenar y formalizar el mercado de transporte de pasajeros con vehículos, porque ello implica más ingresos fiscales y mayor calidad de experiencia para los usuarios. "Pero en Buenos Aires no está tan claro. Hoy hay una tarifa regulada, que si no existiera, un día de lluvia por ejemplo transformaría a los taxis en un bien suntuario", agrega la fuente.

Lo de Uber entraría en una zona más gris todavía, en cuanto a reglamentación. Un mes atrás, el semanario The Economist publicó una nota sobre innovación titulada: "Una cantidad sorprendente de los nuevos modelos de negocios exitosos violan la ley". Apenas un detalle.

El sector de los taxistas tiene hoy una representación política fuerte para resistir los avances de los modelos de negocios que impliquen nuevas reglas de juego. En el cierre de listas de la semana pasada, el jefe del sindicato de peones de taxis, Omar Viviani, dio la sorpresa al quedar quinto en la nómina de candidatos a diputados por la Capital Federal para el kirchnerismo. Y en la Legislatura porteña cuida los intereses del sector Claudio Palmeyro, también del FPV. No de todos: los taxistas independientes están enfrentados con el gremio.

Conscientes de que algunos cambios deberán hacer si la pretensión es seguir siendo jugadores relevantes, al menos dos de las empresas de radiotaxis más grandes están desarrollando sus propias aplicaciones para celulares. "La gente ya no quiere más llamar por teléfono para pedir un viaje", comentó el dueño de una de ellas a la nacion. En el GCBA confían en que otras decisiones de modernización se sumen ante la amenaza de aumento de la competencia. Es especial, la de empezar a cobrar viajes con tarjeta de crédito o débito, una alternativa que hoy está técnicamente disponible, que parece obvia con viajes promedio en torno de los $ 100 y la falta de cambio en efectivo en la calle, y que no se implementa para poder "negrear" parte de los ingresos.

El ejemplo reciente más emblemático de disrupción en el negocio de los taxis es lo que sucede con los "Black Cabbs" en Londres, los tradicionales vehículos negros que tienen una normativa que los rige que se remonta a la época de Oliver Cronwell, la Ley de Carruajes de 1654. Para ser conductor de estos vehículos hay que dar un examen muy difícil, que incluye memorizar más de 20.000 calles y ubicaciones de edificios y monumentos de la ciudad. Los 25.000 propietarios de licencias ganan unas 78.000 libras al año. El segmento ya había sido golpeado con la introducción del GPS. Y ahora la cantidad de licencias cae a la par de los 1500 conductores de Uber que se suman cada mes. En las principales ciudades de los Estados Unidos el valor de las licencias también se desploma en picada.

Londres y otras ciudades europeas (como Helsinki) son hoy paradigma del buen manejo de transporte público, con esquemas centralizados, pagos electrónicos, menos demoras e incentivos contra el uso de autos particulares.

Un reciente ranking publicado (el "Magnatec Stop-Start Index"), de Castrol, releva un indicador muy original para medir el tráfico en los distintos países del mundo: la cantidad de veces que un auto debe frenar y volver a arrancar por año. Buenos Aires está décima entre las peores, con 23.760 "frenadas" por año, aunque mejor que México (30.840) y que Moscú (28.680). Tempere (en Finlandia), Rotterdam, Abu Dhabi, Brastislava y Brisbane, con menos de 7000, son las ciudades con tráfico más fluido.

Para los economistas, estudiar estos temas siempre fue problemático. "Hay una multitud de mitos, paradojas y cuestiones contraintuitivas", dice Nicolás Stier, un argentino que trabaja con redes de tránsito y que fue profesor de la Universidad Di Tella. Por ejemplo, la construcción de pasos bajo nivel activa una suba de demanda latente por uso de vehículos particulares que hace que en el mediano plazo las demoras sean mayores a las que había antes. Stier conversa por mail y al mismo tiempo se desplaza para dar una presentación sobre aversión al riesgo en cuestiones de tránsito en un evento en la costa oeste de los Estados Unidos. Mientras escribe, viaja en un auto de la red de Uber, que pidió minutos antes por su celular.

QUILMES se suma a la batalla de las microcervecerías

 De la mano de las grandes multinacionales, la guerra de las microcervecerías está llegando al mercado local. A simple vista puede parecer una contradicción, pero el hecho de que los principales grupos corporativos sean los que están impulsando el desarrollo de marcas y proyectos más artesanales responde a una tendencia internacional ya consolidada y que con un poco de retraso arriba a la Argentina.

Si bien en CCU -la empresa controlada por la familia chilena Luksic y la holandesa Heineken- se puede jactar de haber sido la pionera en recorrer este camino en el país con la puesta en marcha hace un año de una microcervecería con la marca Kunstmann en Bariloche, el gran salto se espera que se produzca antes de fin de año cuando el grupo Quilmes, que es líder indiscutido en el mercado cervecero, lance su propio proyecto.

En Quilmes, por el momento, no quieren adelantar nada sobre este emprendimiento, aunque fuentes del mercado ya confirmaron que la empresa controlada por la multinacional AB InBev -la dueña de Budweiser, Stella Artois y Brahma- escindirá a su marca Patagonia para crear una nueva unidad de negocios concentrada en el negocio de las cervezas artesanales y que contará con su propia estructura industrial y comercial.

El debut de Patagonia también se concretaría en Bariloche, con una microcervecería que combinaría la fabricación artesanal del producto con una propuesta gastronómica. Patagonia es en la actualidad la marca líder en el segmento de cervezas de nicho o artesanales, pero hasta ahora integra el portafolio de productos de Quilmes, conviviendo con marcas ultramasivas como Quilmes o Brahma.

Lo que viene

La avanzada de las grandes cerveceras en el negocio de los productos artesanales es un fenómeno global y de hecho en los últimos años todos los gigantes del mercado terminaron comprando a algún competidor más chico o creando sus propias marcas para competir en el negocio de las "craft beers" (como se lo conoce en Estados Unidos). AB InBev se alzó con un par de pequeñas cerveceras en Estados Unidos (Goose Island y 10 Barrel) y con la colombiana Bogotá Beer. Por su parte, su competidor en Estados Unidos, Miller Coors, creó una división independiente para impulsar sus marcas artesanales Blue Moon y Peroni, mientras que otro peso pasado como Carlsberg decidió agrupar a 28 marcas de cerveza que se venden en Inglaterra en una nueva cartera premium.

"Es un fenómeno que se está dando en cada vez más mercados, pero igualmente no siempre alcanza con ser un producto artesanal y también deben ofrecer una sofisticación del consumo. En nuestro caso, hoy el grupo CCU es nuestro socio con el 50% de las acciones, pero mantenemos el otro 50%, lo que nos permitió lograr una combinación muy ventajosa. CCU se encarga de la distribución y las ventas y nos permite acceder a menores costos especialmente en materia de logística. Pero la esencia y el ADN de la marca siguen en manos de la familia Kunstmann", aseguró Armin Kunstmann, fundador de Kunstmann.

Como el vino

Detrás de esta apuesta por los productos artesanales se encuentra la intención de la industria cervecera de recorrer un camino similar al que vivió el negocio del vino, buscando seducir a consumidores más sofisticados y que no estén interesados tanto en el volumen sino en la calidad de lo que beben.

"Estamos frente a un fenómeno similar al que generó un nuevo consumo en el vino en la década del 90 y que se explica por un claro cambio en los hábitos de consumo. Mientras las cervezas industriales están en una meseta o en una caída leve de volumen, las artesanales están creciendo fuertemente. El público tomador de cerveza reemplaza los litros de una bebida plana, de escaso sabor y fundamento refrescante por otras cervezas plenas de aromas, sabores, diversidad de estilos donde el disfrute y la cultura que rodea el producto lo transforman en una tendencia irreversible", asegura Pablo Rodríguez, socio fundador de Cervecería Antares, la firma líder entre las cerveceras artesanales e independientes del mercado local.

RIGOLLEAU - Copas provenientes de un proceso industrial

 Hace sólo un año y un mes que en la Argentina se puede brindar con copas provenientes de un proceso industrial local: por primera vez en la historia se producen bajo esos estándares en el país, de la mano de la empresa Rigolleau. Hasta ese momento, la demanda era cubierta por la importación, principalmente de Colombia, México y Brasil, y por las elaboradas bajo un método tradicional de soplado de vidrio, llevado a cabo por firmas como San Carlos, El Progreso y San Ignacio.

Desde que se lanzó este proyecto productivo se han fabricado ocho millones de unidades que han sido volcadas al mercado. Se trata de un segmento de copas para consumo masivo, que se venden en comercios minoristas y grandes superficies de supermercados a un precio promedio de 25 pesos cada una.

"Vimos una oportunidad de sustitución de importaciones, porque sabíamos que el mercado tenía una demanda importante que sólo era abastecida con productos de afuera –cuenta Oscar Garay, gerente comercial de Rigolleau–. Tomamos la decisión por una cuestión aspiracional, porque somos líderes en el mercado y es un segmento atractivo."

La empresa tiene una capacidad de producción de 70.000 copas diarias, un volumen que las convierte en unidades industriales. Como Rigolleau fabricaba ya otros artículos, como fuentes, bols, ensaladeras, platos, vasos y copas de pie bajo, parte de la inversión ya estaba hecha, pero igualmente debieron desembolsar US$ 2 millones para comprar nuevas máquinas especiales, básicamente stretching (estiradoras).

¿Cómo se fabrica una copa? Arena y cuarzo se meten adentro de un horno de 150 toneladas, ahí se funde a alta temperatura, eso se transforma en una gota que va a un molde que la transforma en el producto (vaso, copa o plato), después va a un archa –un recipiente que contiene el vidrio– de recocido para equipar las tensiones y darle al final del proceso las características finales en cuanto a templanza y dureza. "Para la copa de pie hay un paso antes del requemado, que es el estiramiento. Las temperaturas de fundición son 1600 grados y el archa trabaja a 500 grados. De ahí el producto sale a temperatura ambiente", acota Garay.

Dentro del esquema de producción, el reciclado es muy importante a la hora de fabricar, porque se alimenta al horno con lo mismo que salió de él. "Nuestros niveles de reciclado están en el 50%, del que nos abastecemos de diferentes vendedores. Generamos vidrio roto en el proceso mismo, lo que se conoce como scrap", comenta Garay.

El ejecutivo dice que Rigolleau es la única fábrica con tanta diversificación en cuanto a segmentos de mercado atendidos. "El 70% de nuestra facturación viene del segmento de envases y el 30%, del segmento hogar, en el que están las copas. Dentro del 70% de envases atendemos bebidas, alimentos, medicamentos y cosméticos. Y dentro de lo que es hogar atendemos con vajilla (fuentes, bols, ensaladeras, platos, vasos y copas de pie bajo y alto). Hay tres formatos de copa de pie: agua, vino y champagne", detalla.

La forma de comercialización es por distribuidores, para el canal minorista, y en forma directa, para grandes superficies. El resto del mercado local, de copas de alta gama o para determinados nichos, como el de los sommeliers o ciertos restaurantes, se cubre con importación.

Rigolleau se inicia en la Argentina en 1882. León Rigolleau, su fundador, vino de Francia muy joven y a los 17 años empezó con lo que es el negocio del vidrio, algo que fue tomando impulso con el paso de los años. Es una empresa que factura más de 1000 millones de pesos por año, emplea a 900 personas en forma directa y fabrica dos millones de artículos por día. Desde 1908 cotiza en Bolsa, con lo cual tiene un directorio que responde a los accionistas.

Tal vez, en poco tiempo se pueda empezar a brindar con un nuevo tipo de copa: según confía Garay, la compañía analiza la posibilidad de fabricar otro modelo, que sería un símil copón de vino. Pero eso, por ahora, está en etapa de desarrollo.

Mojones de una empresa pionera

  • León Rigolleau adquiere una planta industrial, en la calle Belgrano 3250 de la ciudad de Buenos Aires, con el modesto objetivo de producir tinteros
  • Gastón Fourvel Rigolleau, sobrino de León Rigolleau, decide viajar a Francia para contratar el personal necesario, crisoleros formados en esta milenaria artesanía. Se agrega más tarde un grupo belga
  • Durante más de 100 años ellos o sus descendientes continuaron su labor, desde 1906 en la planta de Berazategui, provincia de Buenos Aires
  • En 1900 se producían 2000 botellas diarias, cifra que se fue elevando hasta alcanzar hacia 1970 los 500 millones de unidades. En la actualidad, la empresa fabrica dos millones de artículos por día
  • En julio de 2014, la compañía empezó a fabricar de modo industrial copas de pie, algo que en el país sólo se elaboraba de manera artesanal, es decir, mediante el soplado del vidrio

domingo, 8 de noviembre de 2020

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