domingo, 22 de noviembre de 2020

INTELIGENCIA ARTIFICIAL Una brújula para Algoritmolandia, ese planeta que no habitamos

 Conscientes o no, somos habitantes de un nuevo planeta: Algoritmolandia. Un mundo en el que la inteligencia artificial (IA) sobre la base de sofisticados algoritmos es capaz de analizar trillones de datos de modo instantáneo y predecir múltiples aspectos de nuestra vida productiva y comunitaria. Un planeta donde máquinas inteligentes, con capacidad de autoaprendizaje, pueden ser el puente hacia nuestro bienestar o nuestra destrucción.

Al menos 21 países, plenamente conscientes de estos riesgos y oportunidades, han lanzado en los últimos 18 meses planes estratégicos de inteligencia artificial.

Naciones tan distantes y heterogéneas como Emiratos Árabes, Kenia o México; grandes potencias como Estados Unidos, Inglaterra y Francia. O España, que creó un consejo de expertos en IA con participación del sector público, el sector privado y la academia.

¿Cómo integrarán esos países la IA a sus economías locales?

Japón aplicará IA para afrontar con nuevas medidas el envejecimiento poblacional; China, para luchar contra la contaminación ambiental y mejorar su eficiencia energética; la India, para recuperar liderazgo en el sector de telecomunicaciones 5G.

Este tipo de enfoques tienen lugar en Canadá, Singapur y Corea del Sur, cada uno según sus necesidades, cubriendo con asfalto tecnológico su propia autopista al futuro.

¿Puede la IA contribuir a mejorar la vida de los argentinos y del resto de los latinoamericanos?

Para responder esta pregunta, convocamos a 40 expertos mundiales en "Algoritmolandia. Inteligencia artificial para una integración predictiva e inclusiva", el nuevo informe del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (Intal) del BID.

Allí se analiza una variedad de casos de estudio con enorme potencial de transformación. En negociaciones comerciales, se están impulsando experiencias piloto a nivel de Mercosur-Canadá para agilizar el análisis de las cláusulas de los convenios y predecir impactos de discusiones arancelarias. En cuanto al financiamiento político, surgen iniciativas en los Estados Unidos para la trazabilidad de los aportes. En el mercado de las commodities, se optimizan hasta en un 300% las capacidades predictivas.

En la Justicia, se resuelven en el foro local porteño expedientes simples en 20 segundos con una tasa de acierto del 96%. En educación, se puede mejorar en Brasil en un 30% el rendimiento escolar con estas herramientas. En medicina, los tratamientos orientados con IA tienen tasas de coincidencia de más del 90% con aquellos instruidos por juntas médicas.

Profesionales locales

En la Argentina, existen más de 100 profesionales altamente especializados en IA impulsando drones para la agricultura de precisión, experiencias de gobierno electrónico para una mejor atención de reclamos, análisis sofisticado de textos legales, administración alimentaria de ganado en tiempo real, control nutricional de viñedos, software para ciudades inteligentes y predicción de esquizofrenia, entre otros.

Asistimos al amanecer de un cambio disruptivo, en que el 80% de los datos globales de la nube no se encuentran aún estructurados, lo cual ofrece una idea de lo mucho que resta por avanzar en este terreno. Este diluvio de innovación es contemporáneo en nuestra región con las tasas más altas de desigualdad y con el 39% de los empleos latinoamericanos -según un índice propio desarrollado en nuestro informe- que presentan un riesgo de ser automatizados. Por eso, y con urgencia, tenemos que diagnosticar no solo los trabajos que corren el riesgo de sufrir profundas mutaciones debido a las máquinas inteligentes, sino también vislumbrar y acelerar la creación de los trabajos y las fábricas-algoritmo del futuro, que convergerán en fenómenos de co-botización crecientes y complejos.

Nada ocurrirá guiado por la magia de un piloto automático. Estamos frente a una revolución industrial 4.0, que requiere también Estados 4.0 para convertir la inteligencia artificial en un nuevo factor de producción inclusivo que tiene la capacidad de incrementar en un 25% el crecimiento de la región en el mediano plazo.

El futuro es ayer. De ahí la importancia de diseñar políticas sostenibles para acelerar este cambio, que contempla múltiples desafíos para diversificar la matriz productiva regional y generar una integración de calidad. Esos desafíos se dan en diferentes aspectos.

Diferentes disciplinas

En materia social y de negociaciones colectivas, la modernización de los sistemas de formación profesional. En la educación formal, el impulso de la especialización en IA como carrera de grado específica, para cubrir una demanda insatisfecha de servicios globales de conocimiento. En gobernanza ética, la necesaria supervisión para que los algoritmos no se conviertan en cajas negras que reproducen discriminaciones o prejuicios. En el plano del gobierno abierto, la aplicación de políticas públicas basadas en evidencia científica, articulando el esfuerzo de academia y empresas, y promoviendo el impulso de una alta gerencia pública experta en esta temática.

Los algoritmos, por más inteligentes que sean, carecen de conciencia. No son capaces de sentir pasión, empatía, solidaridad ni remordimiento, ni la mayoría de las cualidades que nos hacen humanos. Replican la escala de valores que les fue programada sin pensamiento crítico ni vocación de avanzar en una ética superadora. La IA puede ayudar a superar los obstáculos del desarrollo, pero somos los seres humanos quienes, en definitiva, debemos decidir el rumbo. Es el tiempo no solo de la inteligencia artificial como realidad aumentada, sino de la IA como medio para una humanidad aumentada, que mejore vidas.

Atendiendo a sus prioridades y construyendo sobre sus fortalezas, América Latina necesita consolidar una marca regional y una estrategia en inteligencia artificial.

El autor es director del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (Intal) Banco Interamericano de Desarrollo

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Álter eco. En el largo plazo estamos todos vivos: apuntes para una nueva demografía

 Cómo serán los sistemas previsionales de Highlander, de los vampiros y otros seres inmortales? ¿Y los cálculos actuariales para determinar el ahorro óptimo de los caballeros jedis, que viven cientos de años? Estos casos deberían estudiarse para vislumbrar la macroeconomía del futuro si se atienen a alguna hipótesis como la del gerontólogo británico Aubrey de Grey, que asegura que en un mediano plazo se podrá evitar el envejecimiento, o al menos postergarlo por mucho tiempo. En ese mundo, la famosa frase de John Maynard Keynes: "En el largo plazo estamos todos muertos", quedaría en duda.

"No me preocuparía por estas proyecciones, si son verdaderas vamos a tener cientos de años para ver qué hacemos cuando nos jubilamos", se ríe el investigador del Cedes José María Fanelli. El profesor de la UBA y de Udesa viene siguiendo de cerca un tema que la mayoría de sus colegas subestiman, o no le asignan un rol central: el de la demografía y su impacto en la macroeconomía. La semana pasada publicó en los Estados Unidos un libro, editado por Palgrave McMillan, con las conclusiones de un estudio de tres años sobre demografía y países emergentes, Demografía asimétrica y Economía Global: Oportunidades de crecimiento y desafíos macroeconómicos en un mundo que envejece.

Fanelli repasa en esta investigación las diferentes estructuras demográficas de distintos países, que son muy heterogéneas, tanto al nivel de la "foto" (su estado actual) como de la película (su dinámica). La Argentina, en este análisis comparativo, queda en una buena situación: el país se encuentra en plena "Ventana de Oportunidad Demográfica" (VOP), o disfrutando de un "bono demográfico" que alude a un país joven, con alta proporción de habitantes en edad de trabajar en relación con los niños y adultos mayores.

De acuerdo con la definición de las Naciones Unidas (2004), la VOP es una etapa de transición en la cual la proporción de la población que tiene menos de 15 años cae permanentemente por debajo del 30% y la de quienes tienen 65 años o más es aún relativamente baja (15% o menos). Antes de entrar en esta ventana el país es calificado como "niño", y al sobrepasarla se llama "viejo". La ventana de la Argentina se cerrará entre 2035 y 2038: hasta ese entonces la oferta potencial de trabajo estará en niveles elevados y alcanzará un máximo ese año de 1,88 trabajadores potenciales por cada persona dependiente.

Nada mal, considerando que Inglaterra clausuró su ventana en 1975, Italia en 1985 y los Estados Unidos lo harán el año que viene. Turquía y Sudáfrica la cerrarán en 2040 y 2065, respectivamente. Pero, además, la ventana de la Argentina dura abierta 40 años, diez más que la de Brasil y 15 más que la de Corea, porque nuestra tasa de natalidad baja de manera menos abrupta que en esos países.

El gran desafío de los países emergentes pasa, para Fanelli, por una pregunta central: ¿cómo hacer para enriquecernos antes de llegar a viejos? Porque el "bonus demográfico" paga dividendos en términos de crecimiento, en tanto que la etapa de vejez está asociada a una restricción para el crecimiento y a turbulencias macroeconómicas. Como diría un bolero cantado por un economista, dentro de 20 años, "la puerta (o ventana, en este caso) se cerró detrás de ti, y nunca más volviste a aparecer (estabilidad macro)".

La Argentina cuenta con una posición única, afirma el investigador del Cedes, porque disfruta de un "doble bonus": además de una estructura demográfica joven, vende los productos que necesita otra economía en plena transición y alto crecimiento (China). Para aprovechar este momento son necesarias instituciones que ayuden a fomentar y canalizar el ahorro: mientras que China ahorra e invierte el 50% del PBI, a nivel local la tasa es menos de la mitad. En términos de ciclo de vida, somos un país de cuarentones que no ahorramos nada, nos gastamos hasta el último peso del ingreso y en unas décadas deberemos contentarnos con la jubilación mínima. Cubrir el déficit corriente con la plata de la Anses, explica el profesor de la UBA, es justamente lo que no hay que hacer si se atiende a este panorama.

El problema es que si bien "en el largo plazo podremos estar todos vivos", en el largo plazo los funcionarios de hoy ya no estarán en el poder, con lo cual los incentivos políticos para afrontar los desafíos de "la economía del envejecimiento" son muy complejos, aquí y en todo el mundo. Por eso hay demógrafos que remarcan que los movimientos que se dan en su disciplina son tan lentos que equivalen a "ver crecer el pasto".

Lo cual no quiere decir que los cambios no acarreen consecuencias gigantes. A fines de 2011 se estima que nació el bebe número 7000 millones, y desde la década del 60 la población se viene incrementando en 1000 millones de personas cada entre 10 y 15 años. Se tardó un millón de años en llegar a los primeros 1000 millones (fue para 1800, aproximadamente) y se proyecta que habrá 9300millones en 2050. En su libro The challenging billions (Los desafiantes billones: en inglés un billón es mil millones; en castellano, un millón de millones), el economista de Harvard David Bloom sostuvo que "alimentar, abrigar, dar vivienda y proveer un entorno sustentable para toda esta masa poblacional es tal vez el mayor desafío que enfrenta hoy en día la humanidad".

En los últimos 200 años la población global se multiplicó por siete, y son siete los países que en la actualidad concentran a la mitad de los habitantes: China, la India, Estados Unidos, Indonesia, Brasil, Pakistán y Nigeria. Este último país mostrará en las próximas décadas el crecimiento demográfico más espectacular: pasará de sus 162 millones de hoy a 433 millones en 2050, cuando sea el tercero del planeta por su población, luego de la India y China. Brasil, Pakistán, Bangladesh y Etiopía le seguirán a Nigeria en dinamismo: en lugares pobres, los desafíos de la superpoblación serán mayúsculos.

Ser una región "joven" tiene sus ventajas, y también sus dificultades. El especialista en políticas de salud e investigador principal de Cippec Federico Tobar viene analizando un tema poco abordado a nivel académico en relación con su protagonismo: el de la demografía y embarazos adolescentes en América latina. Un estudio preliminar de Tobar, aún no publicado, se titula: "Bono demográfico y embarazo adolescentes: una relación confusa".

Las proyecciones de las Naciones Unidas afirman que este año habrá 4,6 millones de madres menores de 18 años, y que la tasa de fecundidad adolescente en América latina será la más alta del mundo en 2020. "El «bono demográfico» de la región es una oportunidad en la medida en que se concreten las inversiones necesarias para preparar a las nuevas generaciones y asegurar, de este modo, su mejor contribución al desarrollo", argumenta Tobar, "de lo contrario, puede transformarse en un gran problema, en la medida que enfrentaremos una compleja situación caracterizada por amplios conjuntos de jóvenes que pueden resultar excluidos tanto de la producción como del consumo. El embarazo adolescente puede constituir un obstáculo en este sentido".

El Banco Mundial calculó que el costo de oportunidad de los embarazos adolescentes varía entre el 1% del PBI en China (donde sólo se embarazan 6 de cada 1000 adolescentes) al 30% en Uganda (159 por cada 1000). No hay datos, aún, para esta problemática entre highlanders, vampiros y caballeros jedis, pero no faltarán pronto economistas intrépidos que los aborden.

Correr una maratón: una experiencia única que también desafía al bolsillo

 Las grandes proezas suelen dejar huellas imborrables. Historias que se mitifican a medida que son transmitidas de generación en generación. En el caso de quienes hicieron de correr un estilo de vida, probablemente no exista gesta más trascendente que la lograda por el soldado ateniense Filípides, que en el año 490 a.C. debió correr más de 40 kilómetros para avisar a su pueblo que el ejército había derrotado -contra todos los pronósticos- a la mucho más numerosa milicia persa en la batalla de Maratón. Tras cumplir con la orden recibida, Filípides murió exhausto.

Es en conmemoración a aquella hazaña que, desde los primeros Juegos Olímpicos de la modernidad, disputados en 1896, se conoce como maratón a las carreras de 42.195 metros -distancia definida posteriormente en los Juegos Olímpicos de Londres 1908, para que la largada pudiera ser vista por los reyes desde el Castillo de Windsor-.

Desde entonces, miles de atletas hacen honor a Filípides al correr los 42.195 metros de las múltiples maratones que se disputan anualmente en todo el mundo. Pero para hacerlo, y no imitar su trágico final, los runners no sólo deben someterse a una exhaustiva preparación atlética y mental. También deben realizar un gran esfuerzo económico.

La inscripción a las maratones más relevantes del circuito suelen oscilar entre los 40 y los 250 dólares, dependiendo de la importancia de ésta y el tiempo de reserva de la vacante. A ese importe, el maratonista deberá añadir los gastos correspondientes al traslado hacia el lugar, el alojamiento y las comidas. El costo final, entonces, variará según la lejanía de la carrera y las posibilidades de cada atleta. Como referencia, un maratonista confió que el año pasado debió pagar más de $ 30.000 sólo para costearse tres días y una carrera en Berlín.

No todas las maratones son iguales. Marcelo Altuna, de 48 años y maratonista desde hace nueve, explica que "existen seis carreras que se destacan del resto, que son las de Boston, Chicago, Nueva York, Londres, Berlín y Tokio". Y debido a la gran demanda que generan a nivel mundial, los precios para correrlas son más altos.

"Los que no hayan salido sorteados para la inscripción ni puedan correrla a partir de registros logrados en el circuito oficial, deben comprar paquetes en agencias que suelen costar entre 2500 y 3000 dólares e incluyen la inscripción y el alojamiento [no así los traslados hacia el lugar], o adquirir cupos VIP, que sólo incluyen la inscripción, a cambio de entre 2000 y 3000 dólares", detalla Altuna.

Claro que no todos los atletas de nuestro país que quieran correr una maratón deben cruzar la frontera. Si bien las maratones más prestigiosas se encuentran en el extranjero, la escena argentina también ofrece variantes. Y éstas son, lógicamente, más accesibles para el bolsillo.

El marplatense Mariano Mastromarino, último ganador de la Maratón de Buenos Aires, las jerarquiza: "La maratón más importante del país es la de Buenos Aires, que el año pasado contó con más de 10.000 participantes. La siguen, en cantidad de participantes, la de Rosario y después la de Mar del Plata, que creció mucho en los últimos dos años".

La inscripción para la maratón de Córdoba, que se hace el próximo 3 de mayo, comenzó con un valor de $ 250, hoy asciende a $ 350 y a partir del 16 de marzo costará $ 390 (los maratonistas extranjeros deberán abonar US$ 100). Los precios para la maratón de Rosario del próximo 28 de junio oscilarán, de acuerdo con el momento de inscripción, entre $ 220 y 300. Mientras que los runners que pretendan destronar a Mastromarino en la próxima Maratón de Buenos Aires deberán abonar, primero, una inscripción de $ 250 (US$ 80 para los extranjeros).

Preparación e indumentaria

Correr una maratón exige una preparación adecuada. El entrenamiento, la alimentación y la indumentaria serán, por lo tanto, vitales para el corredor.

Fernando Petracci, ganador del Campeonato Argentino de Ultramaratón 2014, y con 17 maratones corridas, debe, pese a sus probadas credenciales, hacer un esfuerzo económico sólo para entrenarse: "He enviado solicitudes a las principales marcas de running y suplementos alimentarios, pero no he tenido respuesta. Así que debo pagarme mi propio entrenamiento".

El entrenamiento, detalla Petracci, consiste en un entrenador personal, al que le paga $ 600 por mes; el gimnasio, por el que abona $ 500 mensuales; bebidas isotónicas, por las que desembolsa $ 150 semanales, y aminoácidos y carnitina, por los que paga $ 250 gracias a un descuento del 50%.

Mientras que por el lado de la indumentaria, en el mercado argentino, un par de zapatillas adecuadas pueden conseguirse entre $ 1200 y 2000. Las remeras y musculosas tienen un valor de $ 600 a 800, los shorts cuestan alrededor de $ 500, y las medias, $ 150 por par.

Kentucky, de las carreras de caballos a la pizza

 Una tarde de 1942 el sueño de un grupo de amigos se hizo realidad y tras años de perder plata en las pistas de Palermo, ganaron el premio Kentucky. Eso sí, tenían muy claro qué hacer con el dinero y en la emblemática esquina de Godoy Cruz y Santa Fe nació la pizzería Kentucky. Cabaleros, no dudaron en homenajear con el nombre al premio que les cambió la vida. En la historia de Kentucky hubo varios dueños y un solo maestro pizzero, Víctor Hugo Sánchez, además de una clientela en la que titilan desde Maradona al presidente de la Nación

Pero el inicio de la cadena que todos conocemos, con ubicaciones estratégicas que llevan a pensar que hay un Kentucky en cada esquina, arrancó en 2012. Ese año, el grupo inversor Desarrolladora Gastronómica. cuya cabeza visible es Rafael Luis Pereira Aragón, de una familia de inmigrantes gallegos con tradición en el negocio gastronómico, compró Kentucky. Y la sumó a su colección de cadenas de restaurantes en la que se destacan Dandy, Grill y Guerrin. El grupo también es accionista de Las Violetas y de Rond Point, ahora en remodelación.

Pizzeria Kentucky

Pizzeria Kentucky


Francisco Bazán, de 32 años, ingresó a ese mundo cuando estaba terminando un MBA en la Universidad de San Andrés. Y en poco tiempo convirtió a Kentucky en la nave insignia, con 40 locales que crecerán a 42 en breve junto al lanzamiento de franquicias para las que se requieren US$ 200.000. La intención es duplicar la presencia comercial en poco tiempo y llegar al interior.

En estos tiempos de crisis e incertidumbre, los dueños de Kentucky parecen no tener miedo. Están seguros que las pizzerías funcionan. Da constancia Bazán, con el rango de director comercial de Desarrolladora. Después de todo, se trata de combinar harina, agua y una buena cantidad de mozzarella, convertido hoy en el principal costo.

Kentucky, que al principio competía con la cadena Continental, ahora se mira en el espejo de los grandes de la comida rápida. Especialmente, en el de la emergente Mostaza de capitales nacionales que se está abriendo paso en un rubro dominado por McDonald’s.

Desarrolladora Gastronómica se diversificó hacia todos los bolsillos. Al Dandy de Libertador y Bulnes lo transformaron en distintas versiones y lo multiplican en Puerto Madero. Allí el ticket promedio es de $ 450. Mucho más caro resulta Gril, con un cubierto en torno a $ 600. Bazán admite que en esos restaurantes sufren la caída del consumo. Su apuesta es salvarse con el turismo.

Y tiene entre manos el desembarco de Sbarro, un gigante de la pizza en su natal EE.UU. Al menos, ya tienen la licencia para abrir 20 locales en la Argentina. Sbarro nació hace 61 años en Nueva York, con presencia en 33 países. Aseguran que no canibalizará a Kentucky por la diferencia de estilo con la pizza neoyorquino, de mayor diámetro, masa muy fina y menos crocante. Por cierto, ya hubo otros intentos en épocas de bonanza como las cadenas Pizza Hut y Domino’s que terminaron en estrepitoso fracaso. Bazán está decidido a intentarlo otra vez.

Desarrolladora emplea a 800 personas. ¿Los márgenes? Arañan el 18%. 

SEBASTIÁN CAMPANARIO El ¨relato¨ de la economía, pero en clave de humor absurdo: circos voladores y South Park

 Encandilado frente a un partido de fútbol que dan por televisión, mientras come papas fritas, el cantante inglés Mick Jagger no mira a su interlocutor, un asistente que le cuenta que el grupo humorístico Monty Python volverá a los escenarios para festejar los 40 años del cierre de su último show televisivo, Flying Circus. "Son unos viejos oportunistas cuyos días de gloria ya pasaron", dice Jagger, sin darse cuenta de que podría estar aludiendo a su propia experiencia como líder de los Rolling Stones, banda aún en circulación.

Como los Stones, el mes pasado los Monty Python arrasaron en convocatoria con su show: las entradas para presenciar el evento del 1° de julio en el O2 Arena de Londres se agotaron en 43 segundos. El spot para promover a los cómicos tuvo a Jagger a la cabeza, un músico que cursó un año de la carrera de Economía en la London School of Economics antes de dedicarse de lleno a su banda. No es la única conexión entre la economía y el grupo de humor absurdo, protagonista de películas como La vida de Brian (1979) o El sentido de la vida (1983): con el boom reciente se multiplicaron interpretaciones de "montypythonomics" que aluden a sketches y chistes del grupo para explicar dilemas de la economía actual, que si algo de "relato" tiene es más de humor absurdo que de otra cosa.

Aunque la época de oro de este conjunto se dio en la década del 70, fue en los 50 cuando sus integrantes comenzaron a mostrarse juntos en pequeños clubes y bares. "Hay que tener en cuenta que en los 50 la economía de Inglaterra estaba quebrada por los gastos de la guerra, de hecho hubo racionamiento de comida hasta el 55. Era un país con su orgullo herido, que había perdido su imperio poco tiempo antes y que estaba bajo la amenaza real del comunismo. En ese contexto de tensión surge el humor absurdo como un catalizador", explica Stefan Szymanski, un economista inglés que desde hace unos meses da clases en Michigan y aparece regularmente citado en esta columna: es uno de los mayores expertos mundiales en economía del fútbol.

Los Monty Python se burlaban de los aristócratas que por entonces se multiplicaban en directorios (y provocaban un enorme resentimiento en una sociedad empobrecida que los mantenía con sus impuestos). Por ejemplo, con una carrera de obstáculos para elegir al "noble descerebrado del año". Pero también se reían de los "entrepreneurs" que ascendían rápido en la escala social y que se enorgullecían de su pasado en la pobreza ("Yo vivía en un pasillo de chico", decía un personaje, a lo que otro respondía: "Ojalá a mí me hubiera tocado vivir en un pasillo"). Está en el video Four Yorkshiremen, que se puede ver en YouTube.

En otro sketch delirante, el grupo presentaba un concurso de preguntas y respuestas del comunismo, del cual participaban Marx, Lenin, el Che Guevara y Mao. Y en un gag de El sentido de la vida se planteaba una comparación entre las "viejas finanzas" y las nuevas, con hombres trajeados y con piratas.

En forma más reciente, blogs de economía hicieron referencia a una escena de Monty Python y el Santo Grial (1975), en la que el rey Arturo, con su espada, iba desmembrando al Caballero Negro, quien no se rendía y afirmaba: "¡Pero si es sólo un rasguño!", cuando le cortaban los dos brazos y las dos piernas, y pretendía seguir peleando. La negación y falla en reconocer la realidad de este sketch se usó como metáfora para las políticas monetarias y fiscales europeas tras la última crisis.

El grupo inglés también se burlaba en los 60 y 70 de la muy mala comida de los ingleses y de los pésimos servicios que, por entonces, recibía la sociedad británica. En un diálogo típico, uno de sus integrantes entraba a un negocio a quejarse por la compra de un loro que había efectuado una hora antes. "¿Cuál es el problema?", le preguntaba el vendedor. "El loro está muerto", respondía el cliente.

Casi como el sketch de Cha-Cha-Cha en el que, con tono de novela de la tarde, a Pablo Cedrón, Alfredo Casero le gritaba: "¿Pero no te das cuenta de que este loro está mue'to?". Los programas de Casero, Fabio Alberti y Diego Capusotto fueron lo más cercano al humor absurdo de los Python en la TV local, con contadas pero efectivas referencias a la economía. Como cuando, con clima festivo de ciclo de entretenimientos, Capusotto y Alberti recibían a una moto de delivery que venía a traer "¡Aquí, ahora, en exclusiva a los estudios de América, la plata del Megacanje!". O los monólogos del ministro de Ahorro Postal Manhattan Ruiz, en el que Casero imitaba a un Domingo Cavallo siempre al borde de la histeria (para los que nos reímos mucho con ese personaje, resulta imposible escuchar o ver a Cavallo sin pensar en forma automática en Manhattan Ruiz).

"Es una lástima que hoy no tengamos un «Tato Bores» de la economía, alguien que haga esa magia, porque material para nutrirlo hay a montones -dice la economista Mercedes D'Alessandro, fanática de este tipo de humor-, pero también es una muestra de pobreza intelectual, porque para hacer un buen chiste, un relato absurdo, una parodia, necesitás comprender lo que querés contar, entender cómo lo entiende el resto, darlo vuelta, y que además sea interesante, gracioso, etcétera. Y que conserve cierto contenido. No hay mucha gente que pueda hacerlo." ¿Su programa de humor absurdo relacionado con economía favorito? El episodio "Villa Margarita", de la serie animada South Park. El programa es una sátira de la recesión mundial que afecta a gran parte del mundo industrializado. Kylees es retratado como un Jesús salvador que está trabajando para salvar la economía, y Stan se lo pasa tratando de devolver una máquina personal para hacer margaritas.

Cuando empezó el Mundial de Brasil, los Monty Python difundieron un himno no oficial para su selección, un poco más humilde y autodeprecatorio que el "Brasil, decime qué se siente". Decía: "Cuando estés en el Mundial, con todas tus esperanzas arriba, y todo el mundo quiera que su equipo gane. Entonces, (Inglaterra) se marcha y te decepciona, y se escabullen de regreso a la ciudad, es la hora de que comience esta canción tonta". Luego venía el estribillo del final de La vida de Brian: "Always Look on the Bright Side of Life" ("Siempre mira el lado luminoso de la vida"). Inglaterra se volvió a su casa en primera ronda, y el tema fue un éxito. Al menos, hay algo que los guionistas de humor absurdo saben hacer mejor que los economistas: predecir el futuro.

lunes, 16 de noviembre de 2020

INTELIGENCIA ARTIFICIAL Cómo se dan las nuevas batallas

 Qué cuadro pintaría Rembrandt si resucitara uno de estos días? ¿Qué canción compondrían los Beatles si todos sus integrantes estuvieran vivos y se juntaran en un estudio? ¿Qué libro escribiría Hemingway si le fuera posible revivir por un tiempo?

Estas preguntas, hasta hace poco tiempo imposibles de contestar, están recibiendo una respuesta -por ahora tentativa, aproximada y errática por parte de la tecnología exponencial más explosiva de 2016: la inteligencia artificial (IA) y sus distintas ramas derivadas. Hace unos días, la consultora Gartner posicionó al "aprendizaje de máquinas" al tope de su célebre ciclo o "curva de jipeo" (hypecycle), que muestra cuál es la tecnología que, por su potencial, está generando mayor expectativa entre los inversores.

Si bien la "creatividad" es una habilidad inherentemente humana, los algoritmos están conquistando algunos campos aledaños, en pasos que hubieran sonado a ciencia ficción hace solamente un año. Una de las acciones más premiadas en el último Festival de Cannes, "The Next Rembrandt", de la agencia JWT Amsterdam para el banco ING, apeló a un programa para analizar 168.000 fragmentos de pinturas del genio del siglo XVII para crear una nueva usando la impresión 3D, en una réplica sorprendente en estilo y texturas. "La inteligencia artificial fue sin duda la gran protagonista del último evento de Cannes", dice Germán Yunes, presidente de Ogilvy Argentina.

La creatividad en la moda también fue tomada por asalto este año por la IA: en la gala del Metroplitan Museum, IBM y Marchesa -una firma de alta costura- se asociaron para producir un vestido con luces led, que cambiaba de color de acuerdo al "humor" que transmitían los tuits sobre el evento.

"El software dio sugerencias, la decisión creativa final fue de los diseñadores de Marchesa", cuenta a LA NACION Roberto Cruz, un ingeniero que dirige Cognitiva, la empresa aliada a IBM para comercializar Watson, el sistema de inteligencia cognitiva, en español. Cruz habla todo el tiempo de complementariedad, y no de reemplazo. "Estamos viviendo un momento de mucha efervescencia y expectativa en este campo, que incluye avenidas como el deep learning, las redes neuronales, redes bayesiana o algoritmos genéticos sigue Cruz, este año hubo hitos impactantes y también algunos fiascos. Es parte del aprendizaje."

En la columna del haber, y más allá de las acciones más rimbombantes como la de Rembrandt o la del vestido de Marchesa, sin duda "el" suceso del año fue el triunfo de AlphaGo, un algoritmo, sobre el campeón de Go Lee Sedol, el mejor profesional del juego chino milenario. Por su complejidad, la victoria de la máquina estaba pronosticada recién para 2020: en lo que tal vez sea la metáfora más perfecta de 2016 sobre singularidad, el resultado se adelantó cuatro años. En la columna del debe, Microsoft debió borrar en marzo un "chat-bot" -conversador artificial porque se volvió nazi y adorador de Hitler. "Por ahora, los algoritmos no pueden detectar si una corriente de datos es verdadera o falsa, siempre la base sobre la que operan es información provista por humanos", indica Cruz. El primer choque -que derivó en la muerte de su pasajero de un vehículo Tesla automanejado o el sesgo racista que tomó la semana pasada un programa de IA que actuó como jurado en un concurso de belleza (votó en contra de las candidatas con piel más oscura) son otros de los traspiés con los que debió lidiar esta tecnología.

Aunque la inteligencia artificial viene siendo materia de investigación profunda desde hace décadas, recién en el último año dejó de ser una promesa con resultados prácticos frustrantes. "La clave son equipos y algoritmos más baratos y flexibles, y la multiplicación exponencial de datos disponibles sobre los cuales trabajar", resume Anthony Baker, director tecnológico de la filial londinense de la agencia R/GA. De acuerdo con IDC, en 2020 habrá disponibles para analizar unos 44 zettabytes de información (un zettabyte es un 10 elevado a la 21 bytes). Baker cree que la diferencia con el stock actual de información es que la explosión de dispositivos conectados (Internet de las Cosas) permitirá una visión mucho más holística del estilo de vida de las personas, y que habrá un océano de datos basados en diálogos de plataformas conversacionales -Facebook, Slack, Line, etcétera- que podrán ser aprovechados por sistemas de inteligencia cognitiva como Watson.

El físico y tecnólogo Andrei Vazhnov tiene una metáfora elegante para describir los ciclos de difusión y aprovechamiento de nuevas tecnologías. Cuando se produce un descubrimiento, pueden pasar años o décadas hasta que se popularice, por distintos motivos (costos relativos, resistencias, falta de conocimiento, etcétera). Durante un tiempo, estos cúmulos de valor potencial permanecen sumergidos. Pero cuando el nivel de agua baja (la tecnología se abarata, acelera su uso y aparecen externalidades de red) emergen a la superficie "islas de valor", en una archipiélago visible y aprovechable para empresas e individuos.

Cruz cree que hoy por hoy estas "islas" son más evidentes para las áreas de atención al cliente, y en lo que hace a sectores, para la salud y el segmento financiero. La semana pasada, la revista Fast Company publicó un artículo donde dio cuenta de la tendencia en IA de moverse de un "océano de un metro de profundidad" -tipo la plataforma SIRI, que sabe un poco de todo pero mucho de nada a algoritmos mucho más especializados, que puedan ayudar a un médico o a un cliente bancario con dudas muy específicas. Estos chat-bots especializados resuelven un problema de escalabilidad cuya solución hasta ahora estaba bloqueada a menos que se resignaba "personalización" en el servicio. Es por esto que los equipos creadores de chat-bots incluyen programadores pero, en forma creciente, también psicólogos, porque es indispensable que el bot genere empatía con el usuario, cuenta Sergio Serrano, diseñador de experiencias de la filial porteña de R/GA. Por ejemplo, ya se sabe que es usual que estos sistemas sean puestos a prueba por usuarios con preguntas absurdas, y los bots deben saber captar la ironía y responder con sentido del humor.

"Estamos en la edad de piedra de esta tecnología, y las posibilidades son infinitas", dice Juan Pablo Jurado, presidente de Wunderman, la mayor agencia de publicidad de la Argentina, con base en lo digital y 500 empleados. Jurado está a la búsqueda de doctores en IA para su unidad de innovación WIP (Wunderman Invention Platform). El estado del arte de la IA podría compararse al de las aplicaciones móviles en 2008: por entonces no se preveía el impacto que causarían en hábitos y comportamiento.

El entusiasmo que genera esta tecnología en inversores es directamente proporcional a la preocupación que emerge ante dilemas éticos y morales. Dos semanas atrás el departamento de Defensa de EE.UU. emitió un comunicado pidiendo al Gobierno "acción inmediata" en esta agenda. Se estima que el próximo presidente estadounidense definirá el protocolo de la guerra de robots, con efectos cruciales e impredecibles para el futuro de la humanidad. ¿Qué pasaría si este decisor fuera Donald Trump? Hay todo un océano de especulaciones en el "lado B" de este debate, un trasfondo mucho menos luminoso, detrás del lienzo símil-Rembrandt creado por algoritmos.

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TEORÍA DEL COMPORTAMIENTO A portarnos mal

R ichard Thaler publicó Misbehaving (Portándose mal) que es, a la vez, su autobiografía intelectual y una buena introducción a la economía conductista. La corriente principal en economía supone que las personas se comporta como economistas sofisticados altamente racionales que (hacen como que) resuelven complejos problemas de optimización o, como los llama Thaler, "Econs". Los conductistas argumentan, en cambio, que la gente decide y se comporta como humanos, comete errores, se "porta mal".

Hace más de 40 años, enseñando microeconomía, Thaler se dio cuenta de que sus estudiantes no se parecían a lo que él mismo enseñaba. Se quejaban de la dificultad de los exámenes y a Thaler se le ocurrió calificarlos sobre base 137 en lugar de base 100. Así recibirían calificaciones más altas en números absolutos. En un mundo poblado de "Econs", no importa la base sobre la que se califica (importan los precios relativos, no los nominales). Y sorpresivamente las quejas sobre la dificultad de sus exámenes disminuyeron. Más raro aún, un estudiante que sacaba 96 sobre 137 (70%) estaba más contento que uno que sacaba 72 sobre 100. ¿Cómo era posible esa violación de la racionalidad? Thaler comenzó a acumular una lista de "factores supuestamente irrelevantes" para la economía tradicional, comportamientos "tontos" que no se acomodaban a las predicciones de la teoría convencional.

Si las primeras palabras de un economista son "oferta y demanda", las que siguen son "costo de oportunidad" (lo que uno deja de hacer o ganar por hacer otra cosa). Sin embargo, hay muchos ejemplos en los cuales donde el costo de sacar el dinero del bolsillo es más importante que el costo de oportunidad. Por ejemplo, cuando empezaron a utilizarse las tarjetas de crédito muchos negocios cobraban precios diferentes con tarjeta y de contado (aún ocurre en economías con inflación, como sabemos los argentinos). En principio debería ser lo mismo para el consumidor si se hace un descuento o se cobra un recargo a quien utiliza una tarjeta de crédito. Pero los emisores de tarjetas hicieron lobby por los descuentos. ¡A la gente no le gustaba pagar un "recargo" por usar el plástico! Pagar un recargo es sacar plata del bolsillo, pero no recibir un descuento es un costo de oportunidad vago y abstracto. Es una violación al principio de que el dinero es fungible. Y hay otros ejemplos: gente que mantiene plata en sus cajas de ahorro sin recibir ningún interés a cambio y se financia con atrasos en las tarjetas de crédito a tasas muy altas.

En la visión tradicional, los economistas se enfocan en los niveles de riqueza. Sin embargo, los conductistas piensan en la respuesta a cambios en la riqueza. Una implicancia clave es que las pérdidas nos lastiman el doble que el placer que derivamos de una ganancia del mismo monto. Actualmente es un hecho aceptado, ¡pero varias décadas atrás era una herejía!

Los "Econs" sólo obtienen satisfacción de lo que Thaler llama la "utilidad de la adquisición", que es la diferencia entre la utilidad de usar algo menos el costo de oportunidad de adquirirlo. No esperamos que nos cobren lo mismo por una cerveza en el supermercado que en un hotel de lujo en la playa. Pero si nos cobraran 5 o 10 veces más nos sentiríamos estafados. Esto Thaler lo llama "utilidad de la transacción". En un mundo de "Econs" debería ser irrelevante, pero lo cierto es que los términos de una transacción, si es justa o injusta, también importan. ¡Cuántas veces compramos algo sólo porque está barato!

Thaler discute con la forma usual de hacer economía: hay que hacer modelos descriptivos de la conducta humana. En cambio, los economistas adhirieron durante muchos años a una justificación de la utilización de supuestos irrealistas que le debemos a Milton Friedman: un jugador de billar experto no resuelve las "complicadas fórmulas matemáticas" que implican la carambola que quiere realizar. Simplemente se comporta "como si" resolviera el problema matemático. Thaler y los conductistas creen que "la economía tiene que ser una teoría de todos y no sólo de los expertos", o que "nosotros no jugamos al ajedrez como un gran maestro, no invertimos como Warren Buffett y no cocinamos como un Masterchef".

Anomalías financieras

De a poco, Thaler orientó su carrera a la investigación de anomalías financieras que afectan incluso a los inversores más sofisticados que supuestamente deberían parecerse más a los "Econs" que a la gente de carne y hueso. Tradicionalmente los economistas miraron los mercados financieros como lo más parecido al funcionamiento de un mercado ideal. Tanto así que una de la hipótesis más establecida en economía fue (¿es?) la de mercados eficientes que Thaler descompone en dos afirmaciones: los precios de los activos financieros son los correctos y no es posible ganarle al mercado en forma consistente. Ahora, ¿cómo refutar la eficiencia de mercado? Junto a un coautor, De Bondt, encontraron evidencia de fuerte sobrerreacción de los mercados. Otro economista, Shiller, mostró que los precios de las acciones varían muchísimo más que las predicciones realizadas con modelos de valuación tradicionales. Las anomalías se acumulaban.

Llegó la crisis financiera global de 2008, no anticipada por la mayoría, y que dejó a los economistas (algo) más abiertos a explicaciones alternativas. Thaler argumenta que la gente mantenía una contabilidad mental en la que separaba el dinero invertido en la casa propia de los ingresos para gastos corrientes. Algunos cambios (qué intereses podían deducirse, la aparición de originadores de hipotecas y la baja de la tasa de interés) derribaron esta barrera y "erosionaron la norma social de que el patrimonio inmobiliario era sacrosanto". La gente empezó a financiar consumo, especialmente de bienes durables, como autos, a partir del aumento del valor de la propiedad, y la posibilidad de tomar hipotecas sobre un valor mayor. Cuando la burbuja inmobiliaria reventó en 2008, el consumo cayó y el desempleo subió, lo que no había ocurrido cuando explotó la burbuja tecnológica de 2000/2001. Además, la crisis es ejemplo de otros "malos comportamientos", como la falta de autocontrol, el sesgo hacia el presente y la inconsistencia temporal.

Thaler da por hecho que la economía conductista está camino de ser la corriente principal. Ciertamente hoy la penetración en la enseñanza es mucha y es parte de la formación estándar del economista. Pero el propio Thaler reconoce que la revolución está incompleta. Mientras que las finanzas conductistas tienen una respetable cantidad de practicantes, los macroeconomistas son muchos menos. Tal vez porque en macro las teorías son más difíciles de contrastar y porque la disponibilidad de datos es escasa, especula Thaler. O porque los macroeconomistas aún tienen que saldar la grieta entre los que quieren más gasto y más activismo, y los que quieren menos. Ni hablar de los límites para realizar experimentos.

Thaler peca de cierto optimismo. Las revoluciones científicas sólo se completan cuando hay un paradigma alternativo mejor. Aún hoy los libros de texto y los currículum están poblados de "Econs", y hay relativamente pocos humanos. En parte por la resistencia usual a cambiar lo aprendido. En parte porque la explicación conductista, que sugiere que nos equivocamos con frecuencia, no se lleva bien con la intuición evolucionista que está en la base de la economía.

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